Un rastro de sangre en la nieve desde Madrid hasta París

O como reinterpretar lo que más quieres es otra manera de descrubir cosas que desconocías de ti.

Aprendí de la mejor, en eso de pasar por mi filtro todo aquello que, desde que lo ví, leí, olí, probé, padecí no me ha dejado en paz. Que se ha pegado a mí como si fuera un enorme imán y que forma parte ya de mi universo. Atraversarlo por el filtro, re-cordarlo, “pasarlo por mi vena” es la mejor manera que encuentro de hacerle a esas cosas homenaje sí, pero tambien la más infalible forma de sacudirme los fantasmas (que regresarán como mosquitos a la luz, pero tardarán un rato).

En un afán de mantenerme en el día a día, no escribiré si vendrán más de este tipo o para cuando (pero cruzo dedos que pronto y que sí). Sólo estoy muy feliz de haber terminado  por fin esta vez, esta historia. Pensada como si fuera un loop (la maravilla narrativa que trae en su naturaleza el gif), esta es mi vista de una de las historias más tristes  jamás contadas. Recuerdo haberla leído y sentir por primera vez esa sensación de inmovilidad por no entender si lo que acababa de leer me hacía feliz o triste (qué bonita esa frase: “me hace triste”), una combinación por  presenciar algo tan bien escrito en una historia que me hacía sentir desconsolada.

Gabriel García Marquéz es como mi tío abuelo de las letras, y digo tío porque siempre son ellos los más divertidos, los que te tocan de chiripa en la familia y que no se supone deben enseñarte nada, pero en realidad te enseñan todo sólo con existir.  Lo defiendo siempre que puedo, porque hay una mala interpretación de que ser famoso indica ser malo o mediocre y tal vez a veces sí, pero en este caso nunca.

Aquí va una carta de amor a este cuento y al nombre de mujer más lindo que existe.

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Aquí y allá

Llevo días escribiendo un rambling bien largo para este sitio, que es como esa montaña a la que vas (cuando eres Heidi o un oso, sino sólo en la imaginación) a gritar todo lo que tienes ganas de gritar un día atorada en el tráfico a punto de protagonizar el re-make de “Un día de furia” (aunque yo más bien vengo a llorar o a bailar, pero el punto es el mismo). En fin, que ya pronto. En el inter, dejo el tumblr donde ordeno mis ilustraciones y tiene más cara de portafolio, por si se asomaron por acá a ver SOLO mis textos o dibujos y se encontrarón con tantas letras.

http://holacapicua.tumblr.com/

Y por supuesto, un dibujo:

esmeralda

(Or why are moms compelled to bronze your baby shoes)

Hace unos días fue el año nuevo chino. Ya es febrero. Ya voy a cumplir de nuevo años y no he despedido al 2015, ni bienvenido al 2016 por aquí. No que vaya a pasar nada si no lo hago. O quién sabe. Tengo pocas tradiciones. Y esta es una de ellas.

Unas semanas atrás había escrito la entrada de este blog de una manera muy distinta. Llevaba más de dos hojas escribiendo lo díficil que había sido el 2015 y lo que había aprendido de él. Deteniéndome en detalles que me lastima(n)ban, para tirar luego un cliché tremendo de lo más fuerte y sabia que había salido de ahí. Lo cual es verdad, porque bueno, los clichés son clichés por algo, aunque también es completamente inútil (cualquier post en realidad lo es, tal vez. Pero esté lo era más) porque recordarlo así, no sirve de nada. Pero regresé a ese borrador hasta hoy, y me pareció muy ajeno a pesar de haber sido escrito hace apenas unos días. La cuestión es que, de pronto me di cuenta que anclarse sobre lo que ya pasó,  no tiene demasiada razón de ser. Y más aún cuando puedes caer en un regodeo total e involuntario de lo mal que la pasaste y como casi que por milagro te arrastraste hasta llegar al 2016. Anduve con esa bandera las primeras semanas y no me sirvió para nada. Entendí que lo aprendido, aprendido está. Ya está. Le hace uno su espacio en el estante, deja ahí el tarrito lleno de  todo lo que pasó, se acomoda uno el cabello y sale a vivir. Así sin más.

Y sólo porque a veces el drama y la nostalgia son mi color favorito, cierro los ojos y luego escribo por aquí: gracias. Todas las gracias del mundo para el 2015 que casi me mata, me hace pedacitos, me deja sola y amargada. Casi, pero no lo hizo.  Por el contrario, estoy a exactamente un año de que todo empezara, aprendiendo a reírme de esto. Así que la cosa no está tan mal. Algo sí quiero recordar, en esta gaveta de recortes y espejos, tanto como me sea posible: el amor tremendo de esas personas que cuento apenas en pares, mis amores de la vida. Fueron mi lugar seguro, al que regresé incluso cuando ellos lo desconocían, una y otra vez, para atravesar este 2015. Me quedo con  varias cosas hermosas de este año y  sin lugar a dudas, ellos son la más importante. El valor de que alguien llegara hasta a mí, a pesar de todo lo que estaba ocurriendo en su propio mundo, asomara la cabeza desde su tempestad  y me preguntara ¿cómo estás? es algo que atesoraré por siempre y que dejé de dar por hecho el año pasado. Ya lo sospechaba, pero ahora lo sé, que la  empatía tiene que salvar al mundo de alguna forma. Al menos salvó (y seguirá salvando) el mío, mientras yo respire.

Y ya estamos a 2016, sin haberme presentado oficialmente con él hasta hoy. Había pensado que no iba a decir nada,  ni  emocionarme por lo que sea que tiene guardadito para mí, porque los años pasados que recibí con bombo y platillo, soltaron sus primeros golpes apenas se sintieron en casa. Pero ahora pienso que  al contrario, que este año también. Que me emociono y lo espero nerviosa y mirándome de reojo en el espejo. Que los años anteriores fueron tremendos años y que tengo mis esperanzas también puestas en este. Toda mi alegría, también. Que sólo necesito un poco de buena fortuna y llegar al otro lado. Y que no quiero nada más que ir conociendo y llevando este año como venga. Porque al final (y con esto resumo lo que aprendí de 2015), la verdad es que uno nunca sabe nada de nada y está aquí inventando y haciendo lo mejor posible con lo que puede y tiene. Así que, oficialmente: mucho gusto, 2016, va a ser tan bonito conocernos.

Como este es un cajoncito para el 2015, pongo aquí lo que quiero recordar de él, porque no han pasado ni dos meses de que acabara y mi memoria ya está olvidando todo.

Lista de cosas que hice por primera vez (2015):

  1. Aprendí una canción en ukulele
  2. Nadé desnuda  (y también hice carreritas de clavados, así en pelotas)
  3. Tuve el peor corte de cabello de toda mi vida (y sobreviví dignamente a él)
  4. Bailé y lloré y renací en un concierto de Blur (y canté a gritos por tercera vez en mi vida en un concierto de Flaming Lips)
  5. Descubrí la constelación de Andrómeda
  6. Me tiré de “bomba” en un cenote y un pecesito me mordió el brazo
  7. Conocí la nieve
  8. No hice ningún amigo nuevo, pero mantuve y quise mucho más a los viejos
  9. Descubrí un lugar secreto, con mis personas favoritas
  10.  Me maravillé con la fragilidad del cuerpo humano y con su capacidad de aferrarse a la vida
  11. Conocí el desamparo de una sala de espera, la incertidumbre de  despedirme de alguien a quien no sabía si volvería a ver de nuevo y esa felicidad tan llenita de alivio, cuando la volví a ver
  12. Aprendí a dejar ir (con entierro figurado, papelito echado al aire y quemado y todo)
  13.  Perdí, para luego encontrar,  a mi mejor amigo

Con toda la tormenta, moverme me fue más difícil (y más necesario) que nunca. Por lo mismo, atesoro de manera especial estos tres eventos, de los que me siento bien orgullosa y agradecida de haber participado:

a) Tener un cuento  en una antología curada por  alguien tan apreciado por mí, como lo es Alberto Chimal

b) Haber colaborado con la hiper talentosa Evelyn Alarcón (a la que admiro y adoro) que me dió la oportunidad de contar  su maravilloso universo desde mis letras

c) Ser parte de la edición 2015, de la Feria de Ilustración Contemporánea “Gran Salón”

Y creo, por último, que fue uno de los años que escuché más música y más leí. Sobre los libros, dibujaré más y con suerte, contaré un poco más adelante. Sobre la música, la que me salvó y me tomó hecha pedazos y luego me intentó restaurar como pudo, todo fue a partir de un bonchecito de canciones, a las que todavía regreso en estos días. Están las  que dediqué en noches de desvelo e incertidumbre a mis personas más queridas. Y está la que se convirtió en mi himno para no volverme una douchebag  y poder reírme un poco de mi vida durante el año pasado:

Y  ya de último, por tantas cosas, esto:

para mí uno de los mejores artistas y videos de hace un rato y que restaura un poco en mí la fe en los  videos musicales.

De como aprendí a bailar con mis miedos en un Gran Salón

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Estoy emocionada porque participaré en la Feria de Ilustración Gran Salón *  en su segunda edición. Estoy muy agradecida por la invitación. Trabajé mucho para esas piezas y me hace feliz que alguien más además de mi basset hound, mi perra anciana y S (que es el más fiel fan pero por lo mismo no puedo confiarme (aunque por eso lo adoro)) pueda ver algo creado por mí  sin photoshop ni explicaciones previas que puedan lograr llenar los huecos que mis trazos no lograron.

Dudé un rato para escribir esto, entre un huracán de cosas que sólo hicieron como una cortina de arena y niebla en medio de donde yo me encontraba y a donde tenía que llegar en los días pasados, apenas siento que todo vuelve a foco durante hoy por la mañana. Sé que muchos de mis compañeros de expo son ya veteranos en esto, pero yo estoy virgencita y me voy estrenando. Y mi mood baila entre emocionarme como niña y mantenerme cool y tranquila como si no fuera gran cosa,   the truth is… que me di cuenta que detrás de todo  estaba el miedo. A reconocer que ya ando más metida en esto de lo que pensaba y a entender que aún falta un largo larguísimo camino. A las explicaciones que me ha tocado dar (y que apenas ayer me di cuenta no debía darlas si no quería) sobre que no, no es que “ahora sea ilustradora y deje de escribir”, sino que los dos son para mí como dos pisos distintos en un mismo edificio (esa metáfora tiene sentido para mí pero al parecer para nadie más). En fin, que de todo lo que se ha tratado mi año ha sido de brincar miedos. La palabra “vencer” no me suena, porque en realidad no he peleado contra ellos, sino que los distraigo mientras sigo haciendo lo mío y en los highlightsde nuestra historia, hemos tomado un mezcal o visto “how I met your mother” juntos (a todos mis miedos y a mí el que mejor nos cae es Marshall y a partir de eso pudimos encontrar algo en común entre nosotros). Pero bueno, que mientras mis miedos juegan con Capicúa un momento, escribo este post, para no dejar pasar esto, que ha sido un evento bien bonito en un 2015 lleno de puro reality checks. Que me niego a dejarlo pasar así como si nada, y aunque mi primer reflejo es hacerme chiquita y dejar pasar los comentarios y menciones IRL o Social Media, hoy asomo la cabeza y hasta logró levantar la mano si me mencionan. Un gran avance para mí si me dejan opinar. Y están además las porras de las personas que han visto pulular mis ilustraciones por ahí y las personas que confiaron en mí, que al final de todo se llevan el día y casi que sólo por eso vale la pena todo.

La razón por la que me emociona tanto, es que Gran Salón es un gran gran proyecto, que poco a poco se convierte en referencia y que está haciendo algo muy lindo por los ilustradores en México: comunidad. Si logramos entender que entre todos llegamos mucho más lejos y que una red es justo para no dejarnos caer entre nosotros, las cosas pueden ser tremendas en el campo de la Ilustración (e incluso en cualquier campo creativo que comprenda la fuerza en crudo que tiene hacer comunidad) en mi país. Y eso me emociona mucho, así sin miedo a parecer demasiado dorky o no ser lo suficiente cool.

* Al cual me referí un par de veces como Salón Corona, sólo porque mi cerebro hace conexiones estúpidas y por lo que quedé como una alcohólica irremediable frente a personas que al parecer eran un tanto importantes.

Ya no quiero más volverte a encontrar, ni verte

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Recordar a manera de un gif perpetuo, una peli, una buena idea, una sensación que no es ni triste ni feliz, sino que baila en el pequeño puente que me lleva de una a otra es una de las cosas que más me gusta, pero (aún no sé bien la razón) de las que menos suelo hacer.

Ya viene el otoño y él siempre me ayuda a llevarse todo lo que no me deja ver, lo que me tiene atorada. Lo sé porque luego de mucho tiempo de no asomarme por aquí, logré encontrar mi camino de vuelta sin preguntarme demasiado cómo ni por qué, luego de pensar una y otra vez en The girl y sus ojos y esa escena tan sexy y tierna con los aretes. Y la manera en que una película de vampiros me hacía viajar entre Imperator Furiosa y Los olvidados. Agradezco siempre cuando una historia me hace pensar en ella luego de días o semanas de haberla visto. Me hace volver a alguna escena en específico, tal y como a veces, mientras lavas los platos o te pones un calcetín, la sensación del aliento dulce y tibio de alguien, instantes antes de besarlo por primera vez, regresa a ti sin avisar, así simplemente.

El soundtrack de A Girl Walks Home Alone at Night  es la ondita. Sin embargo, cuando salí del cine y luego de checar stills para hacer este gif, lo que más sonaba en mi cabeza era esa música de cabaret de México en los 40’s.  Seguro  son asociaciones extrañas al inicio que con cuestión de rascarle un poco las conexiones se vuelven obvias. Pero hoy no quiero, contrario a lo que siempre hago, prefiero tener en mi cabeza este mix de música de cabaret y esta hermosa  chica bad ass con el delineador más negro que su alma y la nuca más bella que he visto en el cine los últimos años, como algo que durante meses no he podido separar.

No he logrado dejar de pensar en ella. Este es un intento de sacarla de mi cabeza para traerla a vivir aquí, como una vida pequeñita. Porque sí, porque por lo que he visto,  le gusta vivir en huequitos donde casi  nadie se asoma y bailar frente al espejo, como yo.