El amor es una masa de bollo lista para hornearse

Aunque amo hacer muchas cosas, no logro todavía descubrir cual es la cosa que querría vivir (incluso morir) haciendo.

A veces pienso que nunca la encontraré.

A veces pienso que  this is it.

Tengo una triada de amores verdaderos que se pelean siempre el lugar, que muchas veces queda vacío por tanta duda.

El domingo por la tarde, a esa hora que la ciudad (cualquier ciudad , todas tienen el síndrome de las tardes de domingo) se siente como un still de película vieja, trabado con todo y esas rayas en zigzag negras y grises, me topé con un documental sobre hornear pan. Una historia sobre la importancia de los detalles, la belleza de las cosas mínimas –como la levadura– y la filosofía Zen. En cierto momento del documental entrevistan a un panadero -bastante joven- y le preguntan sobre su trabajo mientras prepara masa para bollos. Y entonces él expresa tanto amor por esa masa y lo que hace que algo se me oprimió en el pecho. Lo que contestó fue algo así:

People ask me ¿how are you doing? and I say “Im’ baking”. Because that’s what I’m doing and that’s how I’m doing. It’s through and through.

Algo parecido siento cuando dibujo e ilumino. A veces me siento flotar un poquito y otras  veces tengo la impresión de estar inmersa dentro de algo mucho más grande que yo, algo que me rebasa. Pero son sólo instantes,  parpadeos que justo cuando soy consciente de ellos se desbaratan. Pienso que tiene que ver que es algo que involucra un poco más de movimiento, de uso del cuerpo, de abordar una idea desde otro lado: es pensar en colores, en el cachito de una historia como ventana a un jardín secreto.

La experiencia con escribir es un poco diferente, es tener total control de lo que se escribe y al mismo tiempo de hacia donde se mueve la historia. Cuando escribo creo universos, y me frustro y borro y vuelvo de nuevo, pero siempre intentando mantener el control. Tal vez mi método no es del todo bueno y debo aprender a dejar ir un poco (en esto también estoy lejos de ser experta), pero es más cuestión de disciplina, de armar poco a poco, frase a frase y luego alejarse para ver qué se hizo.

Es por eso que he sido necia y continúo  dibujando y escribiendo de forma paralela a pesar de  muchas cosas, con un costo que considero pequeño a comparación de lo  que he descubierto de mí y lo que he logrado. Voy paso a pasito (siempre fiel a la idea de que disciplina mata talento), obligándome a no asomarme muy lejos, ni suponer nada del futuro. Aunque me fruste un poco no tener muy claro si estoy avanzando hacía adelante o a los lados. Y con la posibilidad de darme cuenta dentro de unos años que desperdicié tiempo y esfuerzo en algo que no era lo que se suponía debía hacer. Lo único a lo me aferro es a la seguridad de estar intentándolo, y  en el inter a la posibilidad de aprender y trabajar, para con un poco de suerte, vislumbrar destellos de lo que puede ser esa cosa que me encantaría vivir (incluso morir) haciendo.

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